Calcio y su relación con el colesterol

La interacción entre diferentes componentes de los alimentos ha sido estudiada en numerosas oportunidades, según de qué nutrientes se trate, y en la actualidad se continúan realizando investigaciones que muchas veces comprueban o descartan anteriores postulados. En el caso del calcio ya es conocida su interacción la vitamina D, el fósforo y el boro, y también las etapas en las que es más importante su consumo (crecimiento, embarazo, menopausia, etcétera).

 

El calcio como agente que repercute en otras áreas de la salud también ha sido objeto de investigación, tal es el caso de su influencia en la reducción de peso corporal. Algunos ensayos han demostrado que un alto consumo de productos lácteos promueve la pérdida de peso,  y provoca una disminución del riesgo de padecer obesidad; se sugiere que un consumo insuficiente de calcio desencadenaría eventos hormonales y en el metabolismo que estimulan a las células adiposas a almacenar grasa.

 

 

Con respecto a los factores de riesgo en el campo cardiovascular, han tenido lugar diferentes estudios que revelan algunos resultados interesantes, aunque hace falta ahondar un poco más, con ensayos más específicos. La hipertensión y su variación con respecto al consumo de calcio, se ha estudiado con grupos de individuos a los que se les suministró diferentes regímenes alimenticios con frutas, verduras y lácteos. Se pudo constatar que aquellas personas que ingirieron una cantidad considerable de calcio redujeron sus parámetros (presión sistólica y diastólica) respecto a quienes consumieron alimentos pobres en este mineral.

 

Colesterol elevado.

En los últimos tiempos, se han llevado a cabo diferentes ensayos clínicos sobre esta interacción. En un primer momento se había podido encontrar que una adición de calcio (con suplementos) de entre 1.500 y 2.000 miligramos diarios junto a actividad física y alimentación apropiada disminuía levemente el colesterol sanguíneo y era beneficioso para conservar los valores normales en individuos sanos (evitando su incremento). Más recientemente estos resultados se pusieron a consideración, y otras investigaciones manifiestan lo contrario.

 

Si bien el calcio obstaculiza la absorción de colesterol y otros lípidos (triglicéridos), los resultados son poco significativos en los experimentos realizados. En un ensayo un grupo de voluntarios (todas mujeres después de la menopausia) fue dividido en dos grupos, y a uno de los cuales se le administró calcio y vitamina D, al otro se le dio un placebo; luego de 5 años no se observaron diferencias en cuanto a los niveles sanguíneos de lípidos (colesterol total, HDL, LDL, y triglicéridos). En hombres se pudo saber gracias a otro estudio, que tampoco ayuda a disminuir el colesterol ni lípidos en general, pero sí influye en la presión arterial, colaborando en su mantenimiento en niveles saludables, aunque también se trata de investigaciones que deben ser profundizadas.

La interacción entre diferentes componentes de los alimentos ha sido estudiada en numerosas oportunidades, según de qué nutrientes se trate, y en la actualidad se continúan realizando investigaciones que muchas veces comprueban o descartan anteriores postulados. En el caso del calcio ya es conocida su interacción la vitamina D, el fósforo y el boro, y también las etapas en las que es más importante su consumo (crecimiento, embarazo, menopausia, etcétera).

 

El calcio como agente que repercute en otras áreas de la salud también ha sido objeto de investigación, tal es el caso de su influencia en la reducción de peso corporal. Algunos ensayos han demostrado que un alto consumo de productos lácteos promueve la pérdida de peso,  y provoca una disminución del riesgo de padecer obesidad; se sugiere que un consumo insuficiente de calcio desencadenaría eventos hormonales y en el metabolismo que estimulan a las células adiposas a almacenar grasa.

 

 

 

Con respecto a los factores de riesgo en el campo cardiovascular, han tenido lugar diferentes estudios que revelan algunos resultados interesantes, aunque hace falta ahondar un poco más, con ensayos más específicos. La hipertensión y su variación con respecto al consumo de calcio, se ha estudiado con grupos de individuos a los que se les suministró diferentes regímenes alimenticios con frutas, verduras y lácteos. Se pudo constatar que aquellas personas que ingirieron una cantidad considerable de calcio redujeron sus parámetros (presión sistólica y diastólica) respecto a quienes consumieron alimentos pobres en este mineral.

 

Colesterol elevado.

En los últimos tiempos, se han llevado a cabo diferentes ensayos clínicos sobre esta interacción. En un primer momento se había podido encontrar que una adición de calcio (con suplementos) de entre 1.500 y 2.000 miligramos diarios junto a actividad física y alimentación apropiada disminuía levemente el colesterol sanguíneo y era beneficioso para conservar los valores normales en individuos sanos (evitando su incremento). Más recientemente estos resultados se pusieron a consideración, y otras investigaciones manifiestan lo contrario.

 

Si bien el calcio obstaculiza la absorción de colesterol y otros lípidos (triglicéridos), los resultados son poco significativos en los experimentos realizados. En un ensayo un grupo de voluntarios (todas mujeres después de la menopausia) fue dividido en dos grupos, y a uno de los cuales se le administró calcio y vitamina D, al otro se le dio un placebo; luego de 5 años no se observaron diferencias en cuanto a los niveles sanguíneos de lípidos (colesterol total, HDL, LDL, y triglicéridos). En hombres se pudo saber gracias a otro estudio, que tampoco ayuda a disminuir el colesterol ni lípidos en general, pero sí influye en la presión arterial, colaborando en su mantenimiento en niveles saludables, aunque también se trata de investigaciones que deben ser profundizadas.

 

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